jueves, 17 de enero de 2013

Soraya en la pantalla


Ella es buena. Indiscutiblemente, ella es buena. Para Rajoy, desde el primer día ha resultado imprescindible esta Soraya Sáenz de Santamaría, cara de mosquita muerta, estampa de empleada de tienda de ten cent, una vicepresidenta capaz de lidiar con los entresijos de una política llena de vericuetos como la española, donde a cada vuelta de esquina hay una traición, una embocada o un descalabro. Soraya es la cara amable y cotidiana, el rostro populista tras el cazurro Mariano Rajoy. Acaba de dar una muestra de ello. No por gusto, y casi a regañadientes, el diario español El País la eligió entre las figuras políticas más destacas del 2012. Es el rostro humano del Partido Popular, que por lo general uno identifica con inversionistas y patrones despiadados. Que la cuide el presidente del Gobierno español. Sin ella y actuaciones de telenovela como ésta -6.000 viviendas con alquiles reducidos para un país como España es casi risible, sino fuera trágico y no melodramático como intenta ella-, su permanencia en la Moncloa podría estar en peligro.