miércoles, 2 de enero de 2013

Despreciables



De las aproximadamente 1,300 palabras de la mal llamada “entrevista” que una también mal llamada periodista cubana le hace al vicepresidente de dedo venezolano poco se puede deducir, algo imaginar y otro tanto intuir.
Vale la pena comparar la forma distinta en que se ha manipulado la información en las respectivas enfermedades del presidente Hugo Chávez y del gobernante cubano Fidel Castro. Si en el caso de Castro imperó un hermetismo absoluto y algunos detalles solo se fueron filtrando paulatinamente luego de la aparente recuperación de Castro, en el caso de Chávez una locuacidad torpe, empeñada en no decir nada, ha imperado en todo momento.
En ambos casos el único interés ha sido ocultar la verdad. En el caso de Castro persisten aún mil incógnitas y solo se sabe que está vivo. Con Chávez es lo mismo, pero de forma más burda, sin siquiera esgrimir de forma directa la imposición del censor. Es difícil clasificarlos: llamarlos sofistas es insultar a la filosofía; considerar que lo único que repiten son cantinfladas es un menosprecio a la picaresca; llamarlos mentirosos un argumento fácil, por lo evidente que resulta; catalogarlos de lo que en Cuba se conocía por “picadores”, individuos dedicados a tumbarle una peseta a cualquiera con un cuento improvisado, es considerarlos demasiado inteligentes. Porque lo que caracteriza a un individuo como Maduro es la sumisión más abyecta, la hipocresía absoluta y un miedo  visceral. Y aquí cometo el error de recurrir a los adjetivos con demasiada facilidad. 
Uno de los aspectos más despreciables de tantas referencias a la salud de Chávez, por parte de estos personeros del régimen de Caracas, es la apelación al respeto y el dolor, cuando los que no tienen el más mínimo respeto por el pueblo venezolano son ellos. Chávez es un caudillo y morirá como un caudillo. Es una suerte que él mismo escogió. No puede esperar rosas, ni puede aspirar a la compasión, quien ha hecho del insulto un oficio y del abuso un estilo de vida.
En última instancia, lo que importa es que ni el vicepresidente de dedo venezolano responde a la pregunta de la periodista de dedo cubana, ni ésta le insiste en una respuesta. “¿Cómo ha visto al presidente Chávez, que puede contarnos de su recuperación?”, le pregunta ella, y él se pierde en divagaciones.
Si este post parece demasiado airado, es porque no admite otro lenguaje. Nunca me gustó Chávez como político, nunca he escrito una línea a favor de él, y al parecer su vida va a terminar tan mal como empezó su carrera política: entre la ilegalidad y el abuso.
Lo único que se puede deducir de lo que dice Maduro es que la salud de Chávez se encuentra en un estado muy grave, ya que, como éste afirma, tras la operación el presidente venezolano solo ha tenido momentos de  “ligeras mejorías”. Lo demás son justificaciones. Y así se llega a la conclusión de que en la actualidad Maduro está más interesado en las justificaciones, en la fabricación de una historia sobre el proceso operatorio y posterior que aleje las dudas, no en los enemigos sino en los aliados, y en última instancia en apelar al miedo como principal argumento para quedarse con el poder. Nicolás Maduro y Cilia Flores, la versión venezolana de los nicaragüenses Daniel Ortega y Rosario Murillo; ambas parejas políticas fabricadas con entusiasmo por La Habana.
El resto son anécdotas. ¿Hay que creerle que Fidel Castro estaba en el hospital? Da la impresión que es parte de la invención de limitar el caso político al drama familiar. Así que ahora los periodistas cubanos creen en Milagros y lo dicen con plena desfachatez ante las cámaras. De los tantos modos en que se escribe la historia, lo que en estos días ocurre en Cuba y Venezuela con el presidente Hugo Chávez no se merece el calificativo de tragedia, ni se gana el de farsa, tampoco vale la pena hablar de sainete, es simplemente bochorno. Y ni siquiera se les puede pedir que se abochornen.
Cuaderno de Cuba agradece a Café Fuerte la transcripción de la entrevista a Maduro.