sábado, 5 de enero de 2013

Acto de repudio en Caracas



El chavismo garantizó el sábado su dominio total sobre la Asamblea Nacional, al ocupar miembros del Partido Socialista Unidos de Venezuela (PSUV) los tres cargos principales del órgano legislativo. Y lo hizo con el apoyo de un acto de repudio de sus turbas, en las afueras de la Cámara.
El Gobierno había hecho un llamamiento a través de la televisión para que los ciudadanos acudieran a los alrededores de la Asamblea para apoyar a Hugo Chávez y a la nueva dirección del Parlamento. Y allí marcharon miles de militantes con camisetas rojas donde se leía ‘Chávez soy yo’ y ‘Pa'alante, comandante’, de acuerdo al diario español El País.
Cada vez que llegaba un diputado opositor a la asamblea era abucheado por la multitud.
El régimen de La Habana lleva años empleando una táctica similar. Son los condenables y célebres actos de repudio, que en los últimos años la prensa mundial ha mostrado, a través de videos y fotografías, contra las Damas de Blanco. Y que en Cuba han sido empleados contra la más mínima forma de rechazo al régimen, desde disidentes y opositores pacíficos hasta simples ciudadanos que solo manifestaban su interés en abandonar el país, durante el éxodo del Mariel.
A partir de ahora, estos y otras actividades represivas de mayor violencia se convertirán en el pan diario de Venezuela.
Esta es la receta que debe haber recomendado el régimen cubano, porque lleva décadas utilizándolas en la isla.
La realidad es simple. Desde el punto de vista electoral, quienes están al frente del gobierno en Caracas tienen muy pocas posibilidades de conservar u obtener el poder por medio de las urnas.
En los análisis de intención de voto, en las últimas elecciones presidenciales, el actual vicepresidente designado, Nicolás Maduro, perdía siempre frente al candidato opositor Henrique Capriles. Diosdado Cabello, el militar golpista que acaba de ser ratificado presidente de la Asamblea Nacionl, fracasó en su intento de ser elegido gobernador en el estado de Miranda, en unas elecciones que perdió frente al propio Capriles.
Así que las dos figuras más visibles del mando chavista, y posibles sucesores en caso de producirse la muerte de Hugo Chávez ⎯uno gracias a la voluntad del actual presidente venezolano y el otro por su influencia política y económica⎯ tendrían una dura batalla electoral por delante, en caso de que Capriles lograra ser postulado como candidato opositor. No son figuras que pueden compararse con Chávez, ni en trayectoria, habilidad política y arraigo popular.
La amenaza de una derrota electoral del chavismo preocupa mucho al gobierno cubano. En lo últimos días en La Habana se decidió no solo el reparto del poder en un chavismo sin Chávez, sino fundamentalmente la estrategia a seguir para conservarlo. El factor fundamental de esa estrategia es ganar tiempo, ejercer la presión necesaria para un desmembramiento de la oposición, aplicar la táctica de obligarla al exilio y crear las condiciones para que, cuando ocurra una posible votación, meses después de la muerte de Chávez, esta se limite a una simple farsa, como ocurre en la isla. No es una tarea fácil y la clave radica en el tiempo necesario para lograrlo. Los hermanos Castro son expertos en esta labor. En Cuba necesitaron años. En Venezuela van a intentar hacerlo en meses.