viernes, 23 de noviembre de 2012

Distraer y reprimir



El gobierno de La Habana continua utilizando la represión como otro medio para distraer la atención de los graves problemas económicos que afectan el país.
El instrumento utilizado para poner un límite a las actividades de opositores, activistas, blogueros y periodistas independientes es conocido y antiguo: la intimidación, ya sea mediante advertencias, arrestos preventivos o encausamientos, y el empleo de turbas para llevar a cabo los tristemente célebres actos de repudios. La calle es la línea que define el paso que el gobierno de los hermanos Castro no permite dar a la oposición. La eficacia de sus métodos se fundamenta en la supervivencia en el poder de quienes los ordenan.
Lo que una vez más quiere el gobierno cubano es delimitar el conflicto en los marcos de una confrontación tradicional. Este afán de control le resulta tan necesario como siempre, y en especial en un momento en que las actividades de un grupo de blogueros, relativamente jóvenes en su mayoría y con el apoyo explicito de Estados Unidos, están desarrollando otros medios de manifestar inquietudes, como el descontento generalizado con la situación del país y el intercambio de información con el exterior.
El rechazo gubernamental a este grupo reducido, pero que representa un sector de la población mucho más amplio, se ha mantenido constante, con momentos de mayor intensidad represiva como han sido estas últimas semanas.
Resulta claro que, para el régimen castrista, no hay distinciones ni matices a la hora de atacar a la oposición pacífica. Es más, se siente más cómodo cuando tiene que lidiar con una oposición que podría considerarse más tradicional.
Una de las características de este grupo de blogueros y activistas es su demostración de una independencia no sólo de las opiniones y actitudes de buena parte del exilio cubano, especialmente la comunidad residente en Miami, sino también de una disidencia que podemos llamar tradicional, histórica o vertical.
Es en este sentido que el gobierno cubano se sirve de la represión no solo para encerrar, aunque sea temporalmente, a quienes denuncian injusticias y tratan de hacer valer sus criterios independientes, sino también para tratar de evitar que blogueros, periodistas y activistas independientes dediquen más tiempo a la actividad de información.
La información de los graves problemas como la falta de liquidez y la incapacidad de avance en la producción agrícola, que experimenta la nación, se ven opacados no solo por la represión informativa en general, sino por una jerarquización noticiosa, que prescinde del análisis frente a la denuncia, necesaria pero nunca suficiente a la hora de explicar el panorama cubano.
Sin intentar establecer diferenciaciones absolutas, lo que está intentando el gobierno es convertir una crisis económica, con fundamentos políticos, en una lucha ideológica. Y desde el punto de vista de representación de la noticia está teniendo éxito en el empeño.