sábado, 26 de julio de 2008

Sin esperanzas


El discurso del presidente Raúl Castro se caracterizó por una retórica que no dejó esperanza alguna de que el proceso de cambio se acelere en los próximos meses, o incluso continúe. En esencia, el nuevo gobernante gobernante continuó la tendencia de reafirmarse en la ''legitimidad de origen'' como razón fundamental de justificación del gobierno de La Habana.
Se trata de repetir un gesto y un principio asumido muchos años antes por el dictador español Francisco Franco, quien utilizó igual recurso para mantenerse en poder por largo tiempo: su victoria en la guerra civil le garantizaba la autarquía.
El discurso también fue una muestra de lo mucho que falta por recorrer en Cuba, no sólo en el terreno de avance de la democracia, sino también económico.
Basta recordar que durante la dictadura franquista -y con el caudillo en pleno dominio del mando-, fue necesario superar la etapa de la ''legitimidad de origen'' para dar paso a la ''legitimidad de ejercicio'', marcada por la promesa de una prosperidad alcanzada mediante la inversión extranjera y una liberalización económica que pretendió prescindir de sus equivalentes políticos, sociales y culturales.
Raúl Castro, por su parte, no promete la prosperidad, sino habla de dificultades. Mientras tanto, los tecnócratas siguen esperando su momento, porque por el momento al mandatario le basta vestir de nuevo el traje militar y recordar que quienes hicieron la revolución en las montañas orientales aún esperan continuar en el poder por un buen rato, incluso tras la desaparición de Fidel Castro.
Si la tentación de las mencionadas similitudes históricas es lo suficientemente fuerte para seguir adelante, tampoco viene mal recordar que entre el deterioro de la salud de Franco y su muerte transcurrieron varios años. Cuando en 1969 anuncia la nominación del príncipe Juan Carlos para Rey de España, ya el dictador necesitaba de grandes dosis de medicamento para combatir el mal de Parkinson (enfermedad, por cierto, que hace un tiempo atrás la CIA le diagnosticó a Castro), pero su vida se prolongó por seis años más.
En esta comparación entre las condiciones existentes en la España de mediados del siglo pasado y la Cuba actual, el panorama de la isla resulta poco alentador para las esperanzas de una transición paulatina. En su lugar, las alternativas continúan definiéndose entre el cambio traumático y una evolución lenta, pero el peligro del caos continúa latente en la falta de esperanzas de una población.
Fotografía: el presidente Raúl Castro saluda a la llegada al acto para celebrar el aniversario 55 del asalto al cuartel Moncada (Javier Galeano/AP).