lunes, 29 de septiembre de 2014

Del olor a santidad a una fragancia “gallarda”


El intento de comercializar un perfume con el nombre de Ernesto, en alusión a Ernesto “Che” Guevara, por parte de la empresa estatal cubana Labiofam, y su ulterior prohibición, un día después de que la noticia se divulgara en la prensa internacional —con el fundamento de que los “símbolos son sagrados”— ha vuelto a colocar en los titulares de prensa esa dualidad, que por décadas viene acompañando a la figura del guerrillero argentino, entre el olor a santidad y la utilización frívola.
El propio revolucionario, de acuerdo a su historial, nunca fue ajeno a esa dicotomía.
El Che fue una figura que adquirió una dimensión trágica con su muerte y última campaña, pero al mismo tiempo una mezcla funesta de fundamentalismo y frivolidad intelectual, que en vida terminó definiéndose por lo primero, pero tras su muerte se impuso lo segundo.
Entre un destino centroamericano y luego caribeño y la aventura literaria de París, Guevara, escogió una consagración política, que le abriría las puertas de otra creativa: más que a la literatura, a los intelectuales, especialmente los europeos.
De lo contrario, el Che, como intelectual estaría justamente olvidado: algunas narraciones en su mayoría muy menores —recogidas en un libro que hoy nadie menciona, Pasajes de la guerra revolucionaria—; un intento de teorizar sobre el ejercicio económico en la llamada “construcción del socialismo”, que produjo en la práctica —o al menos ha cargado con la responsabilidad de servir de guía— el desbarajuste institucional más grande dentro del proceso cubano, al fundamentarse en un concepto abstracto y abstruso del ser humano, convertido en cotidiano santón masoquista, motivado por un sacrificio perenne y absurdo, cuya formulación no pasó de unos cuantos papeles dispersos; un puñado de fotografías de ocasión, exhibidas posteriormente gracias a la reverencia construida alrededor del hombre detrás del obturador que por el valor estético de las impresiones. Al final, el sujeto de culto se impuso sobre el objeto, el fetichismo opacó al hombre.
Eso sería quizá uno de sus mayores deleites de estar vivo. Era un hombre estoico y disciplinado con su cuerpo, pero de una estrechez mental que no logró nunca superar cierta sensibilidad indiscutible, pero que a veces rozaba o caía en la sensiblería del perrito que hubo que sacrificar en la sierra — en un cuento del libro mencionado— que por otra parte lo acercó siempre al peor Cortázar. El jardín de los escritores argentinos que no se bifurcan.
Agregar que no solo no dudaba en matar, sino que lo recomendaba —especificar que muchas de esas muertes resultaron asesinatos—, es caer en un lugar común.
Solo por presentar esa visión del Guevara siempre dispuesto al disparo vale la pena ver ese bodrio cinematográfico, The Lost City, que muestra a un Che Guevara asesino y cínico, como contrapartida a tanto guerrillero demodé que todavía el cine —y especialmente el cine norteamericano—nos  intenta embuchar cada día.
La actividad más tangencial de su vida, su interés por la fotografía, demuestra a las claras ese equívoco que cultivó siempre: el Che era extremadamente fotogénico, pero ello por supuesto no lo convertía en fotógrafo excepcional.
Sin embargo, la anécdota, el capricho o la opinión pasan a un plano secundario ante el hecho de que, en la actualidad, el Che es menos un símbolo que un ícono, al que si se venera y admira es de forma torcida —entre el pecho y la espalda que encierra una prenda de vestir—, más como un artículo de uso ocasional y cotidiano que como un canon consagrado. Un eterno aspirante a santo, cuyo relicario se reduce a una camiseta.
Curiosamente, si se indaga aunque sea someramente en la vida del Guevara, se encuentra que en buena medida la incubación de su supuesto apostolado no nació en su famoso recorrido por Latinoamérica ni en su contacto con pobres y enfermos, sino en la artificialidad y dureza de una ciudad: Miami. Fue aquí donde, hasta cierto punto, se forjó ese producto llamado “el Che”.
Esta ciudad fue una parada accidental y forzosa, mientras viajaba de regreso a Argentina para obtener el diploma de medicina. Una espera que se extendió más de lo previsto y las vueltas y más vueltas por un sitio desconocido, donde se hablaba un idioma que no dominaba.
Entonces el Che era un joven estudiante a la espera de su destino, que en 1952  acaba de realizar su primer viaje latinoamericano, y por un desperfecto del avión se vio desviado momentáneamente y sin mucha importancia hacia una ciudad estadounidense, turística y ajena, a la que siempre recordará con hostilidad.
El propio Che dirá luego que fue una estancia “amarga y dura”, donde tuvo visiones premonitorias: “Asaltaré barricadas y trincheras, teñiré en sangre mis armas”.
Sin embargo, durante esta corta visita no le ocurrió nada que no fuera común a los trabajos y desventuras propios de cualquier visitante, que sin dinero se ve de pronto en un lugar extraño.
El testimonio de un compañero de Guevara en esta ciudad contradice el radicalismo temprano de la escritura guevariana.
Jaime “Jimmy” Roca, un argentino que se encontraba en esta ciudad terminando los estudios de arquitectura, ha contado que diariamente llevaba  comer al Che a un restaurante español, donde tenía crédito bajo la promesa de que pagaría la cuenta cuando lograra vender su automóvil, y que nunca hablaban de política.
En realidad el Che “sobrevivió” en Miami con una dieta de cerveza y papas fritas gratuitas. No lo mejor de los mundos posibles, pero tampoco lo peor.
Esta dualidad siempre presente en la vida de Guevara ―convertir la banalidad cotidiana en fuente de terror― se vio eclipsada tras su muerte, a partir del momento en que la publicidad capitalista resultó más poderosa que cualquier ideología.
Solo en Miami y en La Habana, donde la ideología se consume junto a la croqueta,  es que el Che renace como guerrillero heroico o  vulgar asesino. Fue ambas cosas, pero ahora es sobre todo recurso mercantil.
Admitir tal caída en la vulgaridad mercantil es inadmisible en ambos lados del estrecho de la Florida. Aquí, donde se ha amenazado con un boicot tanto al turrón de jijona como a las tortillas mexicanas, ni los autos de lujo se vieron libres de ese peligro.
Los cubanazos del exilio histórico, imponiendo con billetes su rechazo y lanzando la amenaza de no comprar más Mercedes lograron que la firma pidiera disculpas ―los ejecutivos de las grandes corporaciones siempre resultan tan repugnantes como los comisarios políticos― y retirara la imagen del guerrillero de una campaña publicitaria. Lo que pudo haber sido un buen chiste contrarrevolucionario terminó en ridículo.
La idea de la Mercedes-Benz, de quitar la estrella de comandante de la Sierra y colocar el logo en esa boina que siempre aspiró a ser francesa hubiera resultado en una burla perfecta, al tiempo que sacaba a relucir la detestable socarronería del eterno guerrillero.
Sin embargo, a los efectos de la burla fue lamentable que la farsa de desalojar la estrella de la boina, y sustituirla por el logo de la opulencia capitalista más vulgar  y clásica, terminara por convertirse en la estrella del sainete y no el emblema del sainete. En Miami quieren al Che de guerrillero, casi cabe la herejía de que lo añoran.
En una prueba más de que, de forma consciente o inconsciente, La Habana siempre mira a Miami como su presente y futuro, se acaba de repetir la historia —o escribirla dos veces en una indignación compartida que teme a la burla— y el gobierno cubano, cuyos funcionarios se mueven como niños torpes ante un nuevo juguete —y el capitalismo lo es todo menos un juguete, aunque a veces se disfrace de tal— van a ser “castigados” por portarse mal y querer, ellos también, comercializar al Che.
Nada de perfume con su nombre. De penitencia. Aunque el Che, en última instancia, jugaba con todo, con Cuba, con su economía y hasta con su futuro. Hasta que Fidel Castro terminó jugando con él.
Resulta por ello probable que fuera el aún Comandante en Jefe quien mandó a parar. En parte por la nostalgia de lo que en una época llamó “Revolución”, en parte para demostrar que aún cuenta. En parte, también, porque no le seduce la idea de verse mañana reducido a un nombre en un frasquito barato de perfume.
Porque se puede decir que el Che, quien se caracterizó por su  austeridad, intransigencia y rechazo al capitalismo, fue siempre también algo frívolo. Pero Castro no. Irresponsable, sí; frívolo nunca.


sábado, 27 de septiembre de 2014

Al infierno socialista creadores de perfumes


Desde hace años escribo mi columna semanal de los lunes en El Nuevo Herald el jueves y la entrego ese día o el viernes. En ocasiones ese lapso trae satisfacciones y en otras obliga a escoger temas o arriesgarse a darle la impresión al lector de estar atrasado.
Mi columna del próximo lunes trata sobre lo que consideré otra muestra del desbarajuste ideológico que es en la actualidad el proceso cubano: la creación de dos perfumes con los nombres de Ernesto “Che” Guevara y Hugo Chávez.
Hoy sábado llega un cable que informa que el gobierno de La Habana ha censurado la empresa creadora de tales perfumes y prometido sanciones.
El gobierno de Raúl Castro censuró este sábado la actitud “irresponsable” de una empresa estatal cubana que presentó dos perfumes bajo las marcas de “Ernesto” y “Hugo”, pretendiendo honrar al expresidente venezolano Hugo Chávez y al guerrillero Ernesto Guevara, y prometió sancionar a los responsables, informa la Agence France Presse.
“Por ese grave error serán tomadas las medidas disciplinarias que correspondan”, pues “iniciativas de esa naturaleza no serán aceptadas jamás por nuestro pueblo ni por el gobierno revolucionario”, señaló el Consejo de Ministros, que preside Raúl Castro, en un comunicado publicado por el diario oficial Granma.
Las palabras, el diario en que aparecen publicadas y la fuente de procedencia (el Consejo de Ministros) indican a las claras la cuestión llegó a los más altos niveles de gobierno.
El texto destacó que “los pormenores de esta acción irresponsable fueron analizados a fondo en la noche del viernes con el director de la empresa y los funcionarios que presentaron el producto, aún en fase de desarrollo, por lo cual no está producido comercialmente ni mucho menos registrado”.
Así que los pocos frascos de “Ernesto” y “Hugo” que aparecieron en las fotos de prensa deben de haber sido incinerados a estas alturas.
Lo interesante aquí es señalar cuan lejos se llegó en esa idea desafortunada de acuerdo a la ideología que aparentemente aún sustenta el régimen. Porque desde el punto de vista de control político e ideológico, el asunto se les escapó de las manos. Es más, lo publicado el sábado deja a las claras que se trata de una reacción el viernes frente a una noticia dada a conocer el jueves. Alguien se enteró, por la prensa —posiblemente por El Nuevo Herald de Miami— del disparate ideológico (de acuerdo a los preceptos de Cuba) y ese alguien tiene el poder suficiente para ponerle freno. Aquí caben las especulaciones: ¿fue Fidel Castro?
 Hay que enfatizar que Granma encabeza el comunicado con un titular que no es periodístico sino canónico, una advertencia: “Los símbolos son sagrados”
Además del intento de limpiar de culpas a los familiares —“quedó esclarecido que no es cierto que los familiares del ‘Che' y Chávez hubiesen aprobado semejante utilización de sus nombres, como afirmó uno de los funcionarios”— el comunicado contiene una oración definitoria: “los símbolos ayer, hoy y siempre son sagrados”.
Volver a colocar en el primero plano la ideología, ante una iniciativa económica, nos habla de los vaivenes actuales del proceso cubano. No es que —incluso comercialmente— se tratara de una buena idea. Lo fundamental aquí es el énfasis en una iconografía que en la práctica se olvida, pero que en el discurso resulta imposible abandonar.
Se debe enfatizar que no se trata de un proyecto surgido en la mente de cuatro improvisados en un lugar remoto de la isla.
Labiofam es el mayor laboratorio de Cuba, encargado de la investigación y producción de productos de uso veterinario, bioplaguicidas, suplementos dietéticos, alimentos probióticos y medicamentos homeopáticos, entre otros, que Cuba exporta a otros países. En la fabricación de las aromas al parecer estaba comprometido el Grupo Robertet de Francia.

Resulta difícil creer que estos dos productos llegaran con esos nombres a un congreso con presencia de la prensa internacional, sin que antes funcionarios no hubieran aprobado que era una buena idea el homenaje frívolo. Agravado el caso por tratarse de figuras cimeras. Más o menos como si el Vaticano anunciara la fabricación de “Magdalena”, el perfume para las damas, y “Jesús”, la esencia varonil indispensable antes de la misa. Quienes están detrás de la fabricación de los ahora malditos productos han topado con la Iglesia. Es decir, con la Inquisición. Tienen por delante un futo nada envidiable: de cabeza al purgatorio si no los mandan al infierno.

Oler a “Che”


Como si no bastaran las pruebas del desbarajuste ideológico que es en la actualidad el proceso cubano, llega otra noticia insólita procedente de la isla: se acaban de crear dos perfumes que llevan los nombres de Ernesto “Che” Guevara y Hugo Chávez.
Aunque los diseñadores cubanos enfatizan que esperan que las fragancias hagan pensar a sus compradores en atributos como heroicidad o gallardía, no escapa la frivolidad del hecho. Incluso la posibilidad del chiste: en el caso del “guerrillero heroico”, es conocida su tendencia a eludir con frecuencia el baño.
Quizá al fallecido presidente venezolano la idea no le hubiera molestado, pero Guevara la habría rechazado con una patada.
Sin embargo, más allá de las características personales de las figuras escogidas como modelos, lo que llama la atención es que el gobierno cubano, como productor y vendedor, entre de lleno en la comercialización del nombre del guerrillero, algo que con anterioridad había criticado. Se impone aquello de que los héroes sirven para cualquier cosa, cuando los utilizan quienes carecen de escrúpulos.
Para añadir escarnio a la burla, las esencias serán elaboradas por la firma comercial Robertet de Francia.
“Ernesto” y ”Hugo” pretenden competir en el difícil terreno de los aromas, tanto nacional como internacionalmente, no solo con el aval político sino familiar.
De acuerdo a uno de los creadores, “las familias de ambos líderes habían sido consultadas y se mostraron satisfechas con el homenaje”, según el cable de la AP que trae la noticia.
El problema aquí es que un perfume no se crea para rendir homenaje, y menos a una figura que se caracterizó por su  austeridad, intransigencia y rechazo al capitalismo, como el “Che” Guevara. Para esa función, tradicionalmente se han usado monumentos y actos políticos. Este paso de la propaganda a la publicidad resume la esencia de echar a un lado la ideología y cambiarla por el comercialismo que caracteriza al mandato de Raúl Castro.
Ridículo ponerse un perfume Ernesto para ir a una manifestación. Superfluo no salir para una reunión de camaradas sin antes rociarse con unas gotas de Hugo.
El empleo y la comercialización de la imagen del Che Guevara en el mundo viene ocurriendo desde hace muchos años. Incluso su hija Aleida Guevara March lo ha reconocido.
En una entrevista al periódico La Jornada, el 23 de agosto de 2012, Guevara March afirmó que “lo que queda es procurar que no sea una efigie vacía, sin contenido, sino que quien la utilice lo haga con propiedad, con conocimiento de quién fue y qué hizo ese hombre, cuál fue su legado“. ¿Y que van a hacer ahora con este perfume, envolverlo con las páginas de El hombre y el socialismo en Cuba?
“Ustedes saben mejor cómo se vive en una sociedad capitalista. Este sistema vende todo lo que pueda ser vendido, y la imagen de mi padre ha sido muy comercializada en ese sentido”, señaló la pediatra cubana durante una rueda de prensa que cita el diario mexicano.
Al parecer la imagen es sagrada, pero no así el olor (¿o es el mal olor?).
Es de esperar que Chávez corra peor suerte aún, si es posible. Un perfume con el nombre de Hugo lo primero que trae a la mente es a Hugo Boss (no libre de pecado por cierto, porque fue precisamente esa firma la encargada de fabricar los uniformes de las SS nazis, perfectos y ominosos). Está por verse incluso si Cuba podrá usar una denominación que viene comercializándose desde hace años.
Sin embargo, es posible que no hagan falta abogados ni demandas. La realidad siempre acaba por imponerse, y hay pocas esperanzas de que los frascos no pasen de una presentación anecdótica en un congreso.
El sueño de los diseñadores “es que algún día se pondrán en botellas más elegantes y etiquetarán llamativamente para ser colocadas en los estantes de las tiendas”, agrega el cable.
Pero del sueño al estante el camino es largo en Cuba. Más cuando en días atrás el propio Granma publicó la información de que no hay colonias, ni talco, ni máquinas de afeitar, tanto en las tiendas en divisas como en moneda nacional, para agregar una retahíla de incumplimientos en la producción e importación de estos productos.
Conocidas son también las dificultades que enfrenta cualquier firma internacional a la hora de hacer negocios con La Habana, así que el Grupo Robertet no debe hacerse muchas ilusiones.
Lo más probable es que, al final, el hombre nuevo cubano, barbudo y sin desodorante, tampoco tendrá a su alcance lo que para el “Che” siempre debe haber sido algo innecesario, y se vea privado de esas gotas destinadas a aumentar su heroicidad y gallardía. Entonces, maloliente y malhumorado, se dirigirá de nuevo a la bodega de la esquina, para ver si finalmente llegaron las papas.
Esta es mi columna en El Nuevo Herald, que aparecerá en la edición del lunes 29 de septiembre de 2014.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Balseros cubanos: la esperanza sobre las olas


El hecho es nuevo pero la noticia cotidiana. Nueve cubanos desembarcaron el martes en una playa frente al condominio Mar Azul en Key Biscayne, a la vista de los rascacielos de Miami. Las informaciones sobre balseros han vuelto a los titulares de prensa, y no solo en esta ciudad sino también en Yucatán. México, para citar un caso reciente.
No bastan las decenas de miles de visas de residencia y visita otorgadas anualmente por la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana (USINT); también el hecho de otros miles aprovechen la recién adquirida ciudadanía española para terminar en este país; exiguo, completamente exiguo, el cruce por la frontera mexicana, pese a que también sean varios miles; tampoco es bastante el empleo de los recursos más diversos, las apelaciones de todo tipo, los arreglos a veces insólitos, desde fugas hasta matrimonios y las deserciones en cualquier lugar. Insuficientes las supuestas reformas, las posibilidades de trabajar por cuenta propia o la eliminación del permiso de salida como parte de la nueva ley migratoria: los cubanos siguen arriesgando sus vidas y lanzándose al mar para escapar de la Isla.
En esta ocasión, a la embarcación improvisada fue hecha con un latón de basura, madera, y se le agregó un motor diésel de camión de la era soviética. Los balseros dijeron a la prensa que estuvieron 10 días en alta mar.
Los hombres, de entre veinte y cuarenta años, que arribaron a Key Biscayne, forman parte de un creciente éxodo de cubanos sin visa que buscan llegar a EEUU por mar y tierra, de cualquier forma posible. Al menos 780 inmigrantes cubanos han llegado a las playas del sur de Florida desde el 1ro de octubre de 2013, el inicio del año fiscal federal, de acuerdo con la Patrulla Fronteriza, según El Nuevo Herald.
La cifra es mayor que el total de 359 inmigrantes que desembarcaron en las playas del sur de Florida en el año fiscal 2013. El número de cubanos que llegaron a través de la frontera mexicana también se ha incrementado. Hasta el 10 de septiembre más de 16.000 habían cruzado la frontera, dato superior a los 11.932 que llegaron en el año fiscal 2013.
Las autoridades estadounidenses sostienen que 22.500 cubanos han llegado a EEUU sin visado en los últimos 11 meses, incluyendo aquellos que viajaron a través de la frontera con México, la mayor cifra en una década, según la agencia de noticias Reuters.
Los visados concedidos para visitas entre octubre de 2013 y el pasado 30 de junio por la USINT representan un incremento del 25 % con relación al mismo período del año anterior. La cantidad de cubanos que entraron por el aeropuerto internacional de Miami con visa de visita familiar o visa de inmigrante se elevó hasta 56.410 hasta el pasado julio. Al mismo tiempo, más de 180.000 cubanos se han naturalizado como españoles al amparo de la Ley de la Memoria Histórica, conocida como “Ley de Nietos”. Todo esto según cifras reproducidas en CUBAENCUENTRO.
Un total de 101.491 cubanos obtuvieron residencia permanente en EEUU entre los años fiscales 2011 y 2013, de acuerdo al Anuario Estadístico (2013) del Departamento de Seguridad Interna, según El Nuevo Herald.
Dentro de esta fuga que hasta el momento no parece tener fin, los balseros continúan siendo la cara más dramática, aunque su número se ha reducido sustancialmente en la actualidad, en comparación con lo ocurrido en la última década del siglo pasado.
La historia de estos últimos balseros de Key Biscayne es muy posible que tenga un final feliz. Bajo la actual política de pies secos/pies mojados, los inmigrantes cubanos que llega a territorio estadounidense generalmente son brevemente detenidos por la Patrulla Fronteriza y luego pueden quedarse y solicitar residencia permanente después de más de un año en el país.
 Sin embargo, no siempre es así, de relativamente fácil el asunto y con la esperanza cumplida. Hace unas semanas otro grupo de balseros fue rescatado frente a las costas de Yucatán por la Armada de México. De los 32 que iniciaron el viaje,15 murieron durante la travesía. Los sobrevivientes ya han sido liberados. Cuando los cubanos son liberados por el gobierno mexicano, se le da un “oficio de salida”, documento que les permite permanecer legalmente en el país por 30 días. Casi siempre, los inmigrantes emplean este tiempo para viajar hasta la frontera con EEUU y entrar en este país. Una de las balseras rescatadas ya se encuentra en EEUU, de acuerdo a El Nuevo Herald.
Esta mezcla de tragedia y final afortunado, de acuerdo al caso, establece los límites sobre los que, en alta mar, se mece la realidad de la Isla. A veces audaz e insólita, otras incluso con ribetes espectaculares, la obsesión de escapar del régimen no deja de ser material para películas, relatos y telenovelas. Es imposible apartar la anécdota de los motivos; la astucia y el engaño de la desesperación y la angustia; la esperanza del fracaso; pero siempre es una historia triste.
Lo novedoso ha llegado a casos verdaderamente insólitos. En 2003 un camión Chevrolet de 1951, de color verde y con la parte trasera cubierta con una lona, se convirtió en todo un símbolo de la “chispa” del cubano. En cualquier otro pueblo, la creación de ese vehículo con una hélice adaptada a su motor original —que se mantuvo a flote gracias a unos tanques de 55 galones acoplados a los lados— sería una muestra de habilidad mecánica y la expresión de un deseo de salir adelante.
 Para la docena de inmigrantes que intentaron llegar a la Florida en un medio tan singular, el camión que se deslizaba por las aguas a unas ocho millas por hora fue un intento audaz de hacer realidad un sueño. También “una locura”, una idea desquiciada condenada al fracaso de acuerdo a la lógica más elemental. Pero para los cubanos resultó sobre todo una demostración del empecinamiento en aferrarse a cualquier disparate con tal de quitarse de arriba primero a Fidel Castro y luego a su hermano Raúl.
La historia del camión marítimo resultó doblemente insólita, porque el 16 de julio de 2003, a 40 millas de Cayo Hueso, un avión del gobierno norteamericano divisó la nave y los inmigrantes, hombres, mujeres y niños que intentaban escapar, fueron devueltos a Cuba.  Tras ser deportados, los “camionautas” realizaron los trámites legales para emigrar a EEUU, pero Washington denegó los visados a diez de ellos. Siete meses después, en esta ocasión con un viejo Buick 1959 convertido en balsa, una de las familias del grupo original y ocho amigos, lo intentaron de nuevo. Fueron capturados a escasas millas de Cayo Hueso y retenidos temporalmente en la Base de Guantánamo, pero finalmente lograron su objetivo.
Detrás de estos hechos audaces e insólitos hay una realidad cotidiana. En tablas, en balsas hechas con cámaras de camiones y tractores, en embarcaciones improvisadas de todo tipo, los cubanos llevan muchos años empeñados en irse para terminar en mucho casos siendo devorados por los tiburones. Todos esos intentos, en algunos casos multicolores, solo reflejan la luz de una esperanza: tratar de huir de una realidad y un futuro cada vez más oscuro. 
Foto: Pedro Portal/El Nuevo Herald.