martes, 23 de septiembre de 2014

Venezuela con la Internet más lenta de Sudamérica


Ver un video sin tener que esperar a que se cargue es un lujo de pocos en Venezuela.
Aunque es posible comprar por varios miles de bolívares una conexión rápida, la mayoría de los venezolanos consumen la Internet que recientes estudios han descrito como una de los más lentas del mundo, según un artículo de BBC Mundo.
Según la empresa de medición de velocidad Ookla, el promedio de la velocidad de internet en Venezuela es el más bajo de Sudamérica. Por su parte, el estudio Internet World Stats (IWS) asegura que la velocidad promedia 1.7 megabits por segundo (mbps), debajo de Bolivia, con 1.8mbps, y Paraguay, con 3.5mbps.
La conexión promedio en la región tiene 5mbps y la media mundial es de 20mbps.
"Ver una película, hacer una videoconferencia o trasmitir un evento en vivo son tecnologías que la mayoría de los venezolanos simplemente no conocen", le dice a BBC Mundo Luis Carlos Díaz, experto en el tema del centro de investigación Gumilla.
Cuba y Venezuela: ineficiencia común
Como en tantos otros aspectos, los problemas de la Internet en Venezuela pueden ser descriptos como una historia paralela a similares dificultades en Cuba.
Cuba y Venezuela comenzaron en el año 2007 a trabajar para instalar el cable submarino, que lleva por nombre las siglas de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba-1).
Con un coste de casi 52 millones de euros y tras sucesivos retrasos, el cable tocó tierra en Santiago de Cuba en febrero de 2011, de acuerdo a una información del diario español El País del 26 de enero de 2013.
Sin embargo, la Isla continuó utilizando los servicios de los proveedores de Internet a través de satélite. Durante los dos años transcurridos, los medios oficiales guardaron silencio sobre el cable, lo que fomentó los rumores de una posible avería por mal uso o por desvío de recursos.
Para la fecha del artículo en El País, Doug Madory, ingeniero de investigación de la empresa Renesys, afirmó que la empresa española Telefónica había comenzado a dirigir tráfico de Internet a la Empresa e Telecomunicaciones de Cuba S.A (ETECSA). Telefónica negó el martes pasado que estuviera suministrando servicios de enrutamiento para el Alba-1, pero sí confirmó que provee de otros servicios a la empresa estatal cubana.
En un primer momento la actividad solo fue perceptible en una dirección, pero después de varios días se comprobó el envío y recepción de datos. El gobierno cubano no confirmó la noticia hasta el jueves 24 de enero de 2013, en una escueta nota en el periódico oficialista Granma.
Desde entonces, los servicios de internet y telefonía celular en la Isla han avanzado con una lentitud aplastante, la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (ETECSA) se han caracterizado por ofrecer promesas indefinidas y las esperadas mejoras no acaban de llegar.
En julio de este año, el presidente ejecutivo de Google Eric Schmidt, recién regresado de una visita a La Habana, describió la internet en Cuba como “atrapada en los años 90”, bajo una censura extrema y con una débil infraestructura.
“La Internet de Cuba está atrapada en los años 90. Alrededor del 20-25 por ciento de los cubanos tienen líneas telefónicas... y la infraestructura de teléfonos celulares es muy escasa”, escribió, agregando que solamente el 3-4 por ciento de los cubanos “tienen acceso a Internet en cibercafés y en ciertas universidades”, escribió Schmidt.
Al final, los cubanos que tantas esperanzas depositaron en el cable de fibra óptica proveniente de Venezuela tendían solo el triste consuelo de conocer que en el país sudamericano los servicios de Internet son cada vez más malos. Pero ni siquiera eso porque esta noticia no se ha divulgado en la Isla.
Falta de inversiones
El gobierno venezolano sostiene que sus políticas han logrado la democratización y masificación de la Internet en el país.
La llamada revolución bolivariana ha instalado poco menos de 300 Infocentros a lo largo del país con acceso a internet y entregado más de 2 millones de tabletas, conocidas como Canaimitas.
Alrededor de 44 de cada 100 venezolanos tiene acceso a Internet, según cifras oficiales, la cifra es muy superior  a la de Cuba, pero también indica una penetración inferior al promedio de la región, que es 54%, según el IWS.
Recientemente, el gobierno lanzó un ambicioso proyecto llamado "Wifi para todos" que busca instalar redes inalámbricas de Internet gratuito en más de 2.000 espacios públicos de todo el territorio nacional.
Sin embargo, un recorrido de BBC Mundo por tres plazas céntricas de la capital Caracas —plazas Bolívar, El Venezolano y Diego Ibarra— corroboró un comentario de muchos: la red aún no funciona del todo.
"Llevo 15 minutos intentando entrar a la red 'GOBIERNO BOLIVARIANO' y nada que entra", dijo un joven en la Plaza Bolívar, mientras que otro -identificado con un carné de empleado público- señaló: "A veces entra pero son más las veces que no funciona".
Varios expertos en telecomunicaciones aseguraron a BBC Mundo que la causa de la lentitud de internet en Venezuela se reduce a una cosa: la falta de inversión en la infraestructura.
"El problema de Internet es como el problema de las vías: mientras ha crecido el número de usuarios, las vías no se han ampliado y hemos llegado a un punto de saturación", asegura Díaz a BBC Mundo.
"Por eso es que, por ejemplo, los domingos por las noches, como hay tanta gente conectada, la internet es tan lenta", señala.
El profesor de computación de la Universidad Simón Bolívar Ricardo González expande esta analogía sobre las redes de datos y las vías: "Venezuela tiene unas autopistas entre ciudades muy buenas, pero las autopistas internas de cada ciudad son un desastre, con muy pocas vías y las que hay están llenas de huecos".
Y añade: "Adicionalmente las vías internas de cada urbanización, si las, son casi todas de tierra", en referencia, de nuevo, a las redes de datos.
Los analistas coinciden en que el Estado no ha realizado una inversión importante ni permitido la inversión privada para ampliar la red de fibra óptica, que es la estructura principal que permite el flujo de datos.
"Desde 2008, Venezuela se ha ido rezagando frente al resto de América Latina y hoy somos junto a Cuba el país con peor conexión", le dice a BBC Mundo Iria Puyosa, investigadora venezolana de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).
Durante el último año los proveedores de internet se han enfrentado a un problema adicional: la falta de dólares.
"Como en todas las industrias en Venezuela, las telecomunicaciones no han obtenido de parte del Estado los dólares para importar repuestos y nuevas tecnologías, por lo que sus sistemas y productos se han deteriorado", señala Díaz.
Precios exorbitantes para una conexión rápida
Si bien en Venezuela hay varios proveedores, la estatal Cantv tiene el 60% del mercado de Internet.
Y, según Díaz, "la empresa ha sufrido la misma ineficiencia de las otras empresas gubernamentales".
Sin embargo, la compañía dice que "desde su nacionalización en 2007, Cantv no solo se ha encargado de reivindicar el derecho del pueblo a contar servicios de telefonía e internet, sino que ha diversificado sus servicios con una gama de productos".
Mientras tanto, las empresas privadas en el mercado tampoco parecen estar entregando un servicio satisfactorio: "Los usuarios reciben un 60% de los que les promete el contrato", señala Puyosa citando un estudio de la medidora NetIndex.
Pero mientras la mayoría de los venezolanos reciben una internet de menos de 2mbps, algunos se pueden dar el lujo de comprar una conexión de hasta 50mbps.
Varios proveedores de servicio de Internet inalámbrico han logrado ingeniárselas para vender un servicio más rápido.
Una de ella es Ipnet, que instala redes en edificios corporativos o residenciales por un promedio 16.000 bolívares al mes (unos $2.500 o $320 dependiendo del cambio oficial que se use), dependiendo del plan y el costo de instalación.
"Nosotros combinamos tecnologías de fibra óptica, teléfono y microondas para no tener que depender de solo una y poder garantizar un servicio premium", le dice a BBC Mundo el director de la empresa de no más de 20 empleados, Gabriel Salas.
Y a la pregunta de si se ha beneficiado porque la internet es tan lenta responde afirmativamente: "Estamos desarrollando un producto y un servicio por el que la gente está dispuesta a pagar".
Según Salas, su empresa ha crecido 1.000% en los últimos tres años.
Y añade: "Si yo tuviera acceso a dólares, invertiría en esta empresa en grande".
Algo similar podría ocurrir en Cuba.
ETECSA ha dicho que comenzaría a brindar servicios de Internet para los teléfonos móviles a partir del segundo semestre de 2014. Aunque no se han ofrecido detalles como precio y fecha exacta. Sin embargo, el 1 de noviembre de 2013, fue publicada en la Gaceta Oficial la estructura de precios del servicio de datos.
El cable de fibra óptica proveniente de Venezuela “aminoraría el coste de transferencia de datos desde Cuba” (según la Mesa Redonda) y multiplicaría su ancho de banda llegando a velocidades alcanzadas en el resto del mundo. Hoy, ETECSA cuenta con cobertura nacional para servicio de datos con redes GPRS, EDGE y hasta 3G, de acuerdo a una información aparecida en el blog de Yusnaby Pérez.
Pero el bloguero agrega que “los precios, una vez más, son una burla; diseñados para alguien que no habite en este planeta. Un servicio que en el resto del mundo suele ser algo básico, cotidiano, incluso parte de un plan mensual. En Cuba es impagable”.
“Desde hace varios años, internet ha estado disponible para móviles extranjeros en itinerantica (roaming). En el segundo semestre de este año, estará disponible para los 2 millones de clientes cubanos.
El precio de activación para el servicio de Interne en los teléfonos móviles será de $5,40. Otra novedad es que se activará el envío de MMS (mensajes multimedios) internacionales a un precio de $1,40. Los MMS nacionales seguirán costando $0,30).

Tanto los gobiernos de Cuba como Venezuela siguen viendo a Internet más como un peligro que como una necesidad de la población, pese a promesas y declaraciones que digan lo contrario. Más allá de su utilización con fines gubernamentales, una conexión rápida, indispensable en el mundo de hoy, solo se concibe como un instrumento político y comercial, limitado a los privilegiados: los que tienen mucho poder o… mucho dinero.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Fantasías maduras


A principios de 1953, meses antes de su muerte, Stalin denunció una supuesta conspiración dirigida por prestigiosos médicos de la Unión Soviética, mayormente judíos. Al parecer el presidente venezolano Nicolás Maduro considera que no puede ser menos, y acaba de lanzar su propia campaña contra los facultativos. Con ello no hace más que continuar una espiral creciente de acusaciones dementes y conspiraciones ridículas.
La campaña antijudía de Stalin era un pretexto para efectuar una nueva purga dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, pero no pudo concluirla porque se murió antes. La de Maduro parece tener el mismo objetivo, pero por otros rumbos y ámbitos. Un país donde el gobernante “pone al descubierto” una nueva conspiración casi a diario es extremadamente peligroso: nunca se sabe en qué momento uno podría comenzar a “conspirar” y terminar en la cárcel.
Por ejemplo, va caminando por la calle y se le cruza un gato, y ahí mismo queda involucrado en “la conspiración de los gatos”. Y lo peor del caso es que no se sabe qué gatos son buenos y cuáles resultan malos. Simplemente hay que recordar que algunas veces algunos gatos se han comido algunos ratones, y que por supuesto la campaña ha sido instrumentada en Estados Unidos: las instrucciones se reciben cifradas en las imágenes de Sylvester y Tweety Bird. No por gusto a Maduro se le ha aparecido Chávez en forma de pajarito, y  hay para sospechar con esa predilección de la USAID por los tweets.
Ahora Maduro acusa al diario El Nuevo Herald, la cadena CNN en Español y al canal colombiano NTN24 de encabezar una “campaña terrorista” contra el pueblo venezolano. El asunto parece serio —tal como lo cuenta el gobernante—, porque implica incluso un frustrado ataque bacteriológico.
Maduro no solo acusa a la prensa, sino agrega que en la conspiración habían participado los máximos organismos médicos venezolanos, como el Colegio de Médicos de Aragua y la Federación Médica de Venezuela.
Llama la atención que un país donde todo camina tan mal, los ataques más terribles se frustren desde el inicio. Claro que se podrá argumentar que para ello están los agentes cubanos, pero el asunto va más allá. Al final queda la impresión de que Maduro tiene un inmenso baúl de recuerdos ajenos, propios de otros sistemas totalitarios que le han antecedido, y los va sacando sin orden ni concierto, según mete la mano como niño travieso.
Eso sí, siempre estas supuestas conspiraciones acaban en una orden a la fiscal de la república, Luisa Ortega Díaz, para que tome acciones legales contra “los conspiradores” (esto hace sospechar que el mandatario no es de tan poco lustre como dicen por ahí, y que se ha leído su Gogol, su Lewis Carroll, incluso hasta su Shakespeare, y que si se le oye gritar “¡Córtenle la cabeza!” no es un gesto despótico sino una muestra de cultura).
Todos los días el gobernante sale por la televisión ordenando el inicio de un proceso legal, ya sea por el artículo de un experto economista aparecido en la prensa extranjera o la opinión de cualquiera. Lo suyo es acusar una y otra vez indiscriminadamente, en un intento de hacer ruido continuo con la intención de tapar la realidad de lo que ocurre en el país.
Sin embargo, las conspiraciones, acusaciones y amenazas son las prácticas que requieren mayor acción, cuando el mecanismo represivo se arriesga más a dejar a las claras que se excede. Hay otro procedimiento mucho más silencioso e incluso efectivo: desde hace años, primero con Chávez y ahora con Maduro, el régimen de Caracas ha optado por la censura.
El diario El Universal despidió a una popular caricaturista por una viñeta sobre la crisis en el sector de la salud, en la que aparecía un electrocardiograma que tenía la firma del fallecido Hugo Chávez.
El Universal fue adquirido en julio por el grupo español Epalisticia S.L. Se desconocen los nombres de los socios del consorcio ibérico y el costo de la compra.
Del periódico ya se han retirado una veintena de articulistas de El Universal, en su mayoría críticos del gobierno.
Entre agosto del 2013 y lo que va del año han cerrado varios diarios regionales por la falta de papel generada por el retraso del gobierno en la venta de divisas para importar el producto.
Un diario tan importante como El Nacional, fuerte crítico del gobierno, se ha visto afectado por la falta de papel y la caída en la publicidad, que lo ha llevado a bajar más de 30% sus páginas y reducir el personal.
De amenazar con la cárcel al estrangulamiento económico, los instrumentos de censura son múltiples.
Chávez repetía a menudo que la prensa conspiraba para derrocarlo. A Maduro le ha bastado darle de nuevo cuerda al disco rayado.
Esta es mi columna semanal en El Nuevo Herald, que aparece en la edición del lunes 22 de septiembre de 2014.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

De intercambios, protestas y botellazos


La anunciada actuación del dúo Buena Fe en Miami ha vuelto a colocar en las noticias el rechazo, por parte de un sector del exilio, a lo que se ha dado en llamar política de intercambio cultural entre Cuba y Estados Unidos.
En ocasiones anteriores, la queja y denuncia frente a esta política de Washington ha sido resumida en una oración: “Gloria Estefan no ha ido a cantar a la Isla, mientras que Silvio Rodríguez ya se ha presentado en Estados Unidos”. Y aunque ahora el dúo Buena Fe es un caso particular en una ciudad donde todas las semanas se presentan artistas procedentes de Cuba, el concierto a realizarse mañana jueves sirve a la vez de ejemplo y pretexto dentro de una larga controversia, donde lo que se conoce como anticastrismo radical ha ido perdiendo terreno a lo largo de los años.
En primer lugar, hay que señalar la singularidad del evento. A diferencia de otros artistas, que no más desembarcar en esta ciudad sus primeras palabras son que no van a hablar de política y que lo suyo “es el arte”, al dúo se le reprocha tanto su participación en actividades gubernamentales —acto de celebración del cumpleaños de Fidel Castro este año, funerales del presidente venezolano Hugo Chávez— como también ciertos comentarios sobre las Damas de Blanco. Así que puede decirse que Buena Fe no solo no elude la polémica sino que la ha buscado.
El segundo aspecto a tener en cuenta es que el concierto se celebrará en el Miami-Dade County Auditorium, una instalación del condado Miami-Dade, cuyo alcalde ha ratificado que no se cancelará el contrato para realizarlo.
En su decisión, el alcalde se apoyó en el criterio del abogado condal Robert Cuevas, quien manifestó que Miami-Dade no puede cancelar el evento debido al contrato firmado con sus productores y a los principios expresados en la Primera Enmienda.
Hay que recordar que en febrero de 2013 la empresa Fuego Entertainment Inc, que dirige Hugo Cancio, dedicada mayormente a celebrar eventos con artistas provenientes de Cuba, ganó una demanda contra la compañía que administra Homestead Speedway, la cual fue impuesta tras esa compañía cancelar el concierto que Cancio promovía con la presencia de varios grupos y artistas de la Isla. El fallo concedió a Fuego Entertainment una compensación por más de medio millón de dólares. Se reconoció que Homestead Speedway tenía derecho a cancelar el concierto, pero que ello implicaba compensar por la perdidas a Fuego Entertainment Inc.
Por su parte, la presentación de Buena Fe en Miami corre a cargo de Blue Night Entertainment. Participará también el trovador Frank Delgado y el concierto está dedicado al cine cubano. El dúo ya ha actuado con anterioridad en esta ciudad.
Edificios emblemáticos
El Miami Dade County Auditorium es un edificio cultural no solo emblemático de la ciudad sino particularmente del exilio, donde tradicionalmente se han celebrado veladas de recordación de la “Cuba de ayer”, con canciones alegóricas y entusiasta participación del público.
En eso de escoger lugares cargados de simbolismo para el exilio, al parecer Buena Fe o/y sus promotores han estado especialmente interesados. Otro de sus conciertos se llevó a cabo en el teatro Manuel Artime, en La Pequeña Habana, sitio preferido para los actos de las organizaciones anticastristas y que lleva el nombre de quien fuera líder político de la Brigada 2506.
Más allá de los aspectos específicos que han desatado esta protesta, a efectuarse el día del concierto, dos cuestiones merecen la pena mencionarse.
Una es el énfasis, dado por el propio alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, al derecho a protestar, pero “pacíficamente”. Y es que resulta cuestionable la eficacia de una acción de protesta —si se quiere de una táctica— que a través de los años ha demostrado no solo ser inútil, sino además servir de pretexto para hablar de la intolerancia en esta ciudad. Basta recordar el concierto de los Van Van en esta ciudad en 1999.
Ese último año del siglo pasado, Juan Formell actuó por primera vez aquí, en la ya desaparecida Miami Arena. La ocasión sirvió para que el sector más recalcitrante del exilio escribiera una de sus páginas más penosas: botellas lanzadas contra los asistentes, una algarabía que no tenía nada que envidiar a un actor de repudio en la Isla y los canales de televisión locales cómplices de aquel espectáculo bochornoso a la entrada del evento.
La noche de aquel concierto, la música de Formell triunfó a toda regla y el exilio tradicional inició una retirada ideológica que sobrevive hasta nuestros días.
La segunda cuestión que resulta muy difícil de entender en Miami, por parte de ese sector del exilio cada vez más disminuido, es el significado y objetivo que para Washington tienen los intercambios culturales.
Lo que tradicionalmente ha sido usado por el gobierno estadounidense como vía de acercamiento —medio para propagar en un sistema totalitario el “estilo de vida americana” y canal indirecto y limitado de influir y propagar la democracia y el funcionamiento de la sociedad civil occidental— es visto en Miami como confrontación y puja de fuerza.
Intercambios culturales
Cuando la administración de Barak Obama retomó la línea de su predecesor demócrata Bill Clinton con mayor énfasis y buscando más amplitud de criterios,  lo que hizo fue volver a un tipo de “intercambio”, propulsado pero enunciado a medias, que se concibe por parte de la Casa Blanca como un objetivo a realizar entre Washington y La Habana, no entre La Habana y Miami. Al igual que los mexicanos según Borges, en las muertes atribuidas a Billy the Kid, los exiliados quedaron fuera del conteo.
El argumento de falta de reciprocidad —artistas del exilio anticastrista no solo actuando sino exponiendo sus puntos de vista políticos en La Habana o cualquier ciudad de Cuba—, que se escucha a diario en Miami y en se lee en Internet, parte de una premisa falsa.
Cuando Washington habla de intercambios culturales entre Cuba y Estados Unidos, se refiere precisamente a que artistas y grupos culturales de las dos naciones realicen visitas, sin incluir necesariamente la actuación de artistas exiliados.
La política de embajadores culturales, típica de la guerra fría, nunca fue concebida como una forma de confrontación, sino todo lo contrario.
A Moscú fue Benny Goodman y Dave Brubeck, no una orquesta de balalaikas de inmigrantes rusos. Louis Armstrong fue de embajador musical a diversos países tras el final de la II Guerra Mundial y en plena guerra fría, incluso a varias naciones africanas que estrenaban su independencia, no Nina Simone, una excelente cantante y pianista de marcada participación en el movimiento de derechos civiles.
El exilio cubano comete el error de juzgar los intercambios culturales bajo la ilusión de Miami como nación. Hay exiliado que aún creen que cualquier aspecto de la política estadounidense hacia Cuba debe funcionar de acuerdo a sus intereses, y de que ellos representan a Estados Unidos en cualquier aspecto de la relación entre Washington y La Habana.
En el caso de los intercambios culturales entre Cuba y EEUU, estos incluso no llegan a la categoría de un programa del Departamento de Estado, sino que todo se ha limitado a la facilitación de visas de entrada y permisos de viaje por parte de Washington. El equivalente por parte del gobierno cubano ha sido la nueva ley migratoria.
De lo que podría llamarse la primera etapa del intercambio cultural —esa que se extendió hasta el gobierno de George W. Bush— quedó poco de valor por apuntar en ambas partes. Apocalípticos e integrados bajo las categorías de la tolerancia y la intolerancia, en el exilio se desaprovechó la oportunidad de definir una posición que evitara la manipulación del régimen castrista.
La incapacidad de arrojar el lastre de un nacionalismo provinciano hizo que junto al hostigamiento contra un supuesto enemigo llegado de la isla se incrementara la sobrevaloración de la nación existente antes del primero de enero de 1959. Un fenómeno con culpables no solo en La Pequeña Habana.
Algunos en esta ciudad y en Washington intentaron cerrar la puerta para no ver lo que ocurría en la otra orilla. A 90 millas, se optó por omitir o reducir al mínimo la labor cultural, que en condiciones adversas se desarrolla en Miami.
Pese a las limitadas aperturas aciales, no hay que olvidar que por décadas en Cuba se censuraron nombres y logros. Y no hay que hacerlo por afán de justicia o simplemente revanchismo, sino simplemente porque todavía en algunos casos se censuran.
La prensa oficial de la isla padece un síndrome de idiotismo censor, que solo se explica a partir del apoyo de las esferas de poder. Debían padecer un bochorno enorme quienes en la prensa oficial cubana por muchos años omitieron los nombres de los músicos cubanos en cualquier premiación internacional especialmente en EEUU, especialmente en lo relativo a los premios Grammy, y si no les ocurre.
Si no son conscientes del ridículo, es que el temor se los impide. Y ese temor, por supuesto, tiene nombre y casa en la Isla. Este argumento estaría incompleto sin reconocer que mucho ha cambiado en Cuba en este sentido, si se compara con el vacío existente décadas atrás. Pero no solo se deben reconocer los avances, sino llamar la atención sobre lo mucho que queda pendiente. Con una pequeña nota que aparezca en una publicación especializada no se resuelve el problema: se ejerce una pobre justificación.
En esta nueva etapa de los intercambios, al menos dos factores han cambiado por completo el marco del debate. Uno es la existencia del Internet, una esfera de acción que en gran medida define el terreno.
El  segundo factor es la existencia de una juventud, que en forma múltiple y con los criterios más disímiles, ha llegado para ocupar su legítimo lugar en lo que hasta hace poco se limitaba mayormente a quienes estaban alrededor de los cincuenta años de edad.
Sentido común
Si la política de Washington hacia Cuba del presidente Obama ha sido definida a buchitos —en el mejor de los casos, ya que se ha caracterizado por su inercia– una de las pocas gotas de sentido común ha sido la reanudación de los encuentros académicos, artísticos y culturales en general.
Esa política tiene mucha mayor importancia que la actuación del dúo Buena Fe en Miami. Si en realidad produce tanto rechazo este dúo, la mejor respuesta sería dejar el teatro vacío (las entradas al concierto ya han sido vendidas casi en su totalidad. De acuerdo a Progreso semanal todavía hay boletos disponibles).
Como parte de la actitud hacia la Isla, implantada durante la época de George W. Bush, el Departamento de Estado revocó la excepción de 1999, que permitía a los artistas visitar y actuar en EEUU. Se volvió a la época de Ronald Reagan, que prohibía la entrada a todo aquel que pudiera ser considerado un empleado del gobierno cubano, ya que su labor beneficiaría a La Habana.
Todo eso ha cambiado, en parte porque quienes eran empleados entonces ya no lo son —y están desempleados, jubilados o laboran en instrucciones financiadas en buena medida o totalmente con fondos provenientes del extranjero— y en parte también por el convencimiento de que dicho criterio se ha tornado obsoleto no solo para Cuba sino también para este país.
Los efectos de aquella política discriminatoria afectaba no solo a los artistas, la cara más visible y mediática del intercambio. También los científicos de Cuba y EEUU eran considerados sujetos que había que mantener aislados en sus respectivos laboratorios y centros de estudio, sin permitírseles la posibilidad del intercambio y la confrontación. A los especialistas de distintas ramas les resultaba casi imposible viajar a La Habana y durante años las universidades vieron como, una y otra vez, quedaban vacías las sillas de los invitados de la Isla, que no lograban el permiso de entrada a EEUU.
El cambio de política no solo ha beneficiado a los partidarios del gobierno cubano —o a quienes aún, por las razones más diversas, continúan manifestando, si no fidelidad militante al menos acatamiento al sistema imperante en la Isla— sino también a quienes realizan una labor independiente o expresan criterios propios. Ello se ha visto tanto en universidades como en los diversos foros académicos.
En el caso de los artistas, no se trata de algo tan simple como las ganancias que pudieran obtener producto de un concierto, merecidas por cierto. En cumplimiento de las normas que rigen el embargo norteamericano, los músicos cubanos no reciben ingresos por sus actuaciones. Sin embargo, una gira implica una mayor difusión de sus obras y un aumento en las ventas de sus discos compactos —que desde 1988 se venden legalmente en las tiendas de todo el país, especialmente en Miami.
Para quienes aún se declaran a favor de la exclusión de quienes vienen de Cuba, ésta se fundamenta en impedir que el régimen cubano se beneficie de sus artistas y científicos. Un razonamiento esgrimido infatigablemente en La Calle Ocho a lo largo de muchos años. Hay sin embargo una doble moral en ello.
Esa doble moral se puso de manifiesto especialmente durante los ocho años de mandato de Bush, al permitir a los agricultores estadounidense viajar a Cuba, para vender sus productos, y al mismo tiempo impedir a los artistas venir a actuar a este país o a los investigadores participar en congresos científicos.
Hay también una doble moral en quienes en Miami se declaran en contra de artistas y conciertos, pero por las más diversas razones no solo viajan a la Isla sino continúan comprando en establecimiento que obtienen partes de sus ganancias con las ventas de artículos destinados a quienes viven en Cuba. Y en Miami, este negocio no se limita a las agencias de viajes y tiendas especializadas, sino que se extiende a cualquier supermercado o bodega y farmacia de esquina.
La otra cara de asumir una posición moral a ultranza, es que hay que ser consecuente y llevarla a cabo plenamente.
Doble censura
También un argumento socorrido al tratar este tema es apoyar unas restricciones con otras. Quienes defienden que artistas de la isla no puedan actuar en Miami argumentan que músicos del exilio no se escuchan en la radio cubana. Curioso eso de tener que acudir al enemigo a falta de una explicación mejor. La censura en Cuba como la justificación perfecta para ejercerla en esta ciudad. En vez de condenar ambas, establecer una relación simbiótica malsana. Un tipo de anticastrismo que mejor se definiría como la etapa final del totalitarismo.
En el fondo, lo que rige en quienes buscan la prohibición de que artistas de la Isla actúen en Miami —y hacen todo lo posible para negarles escenarios— es la creencia de que el exilio cubano, especialmente el de Miami, es tan inmaduro políticamente, que hay que mantenerlo alejado de cualquier visitante que pueda disgustarle.
Lo mejor para todos es recordar que en este país existe la Primera Enmienda, que garantiza la libertad de expresión —hasta de opiniones que no nos gusten, no compartamos o no sean compartidas por todos— y que dicha enmienda vale tanto para quienes cantan como para quienes protestan. Por ello debe ser respetado el derecho a protestar, pero igualmente hay que expresar satisfacción ante la decisión del alcalde Giménez de no cancelar el concierto.
Este artículo aparece también en Cubaencuentro.